Ayer, mientras leía en una publicación de Facebook de Esperanza Jover Marcoa la historia que ambienta la composición del Concierto de Aranjuez realizada en 1939 por el maestro Joaquín Rodrigo (de quien yo no sabía que era ciego desde sus 3 años de edad), recordé que siempre, dicha pieza, me transporta a un lugar muy sentido.
La historia tiene que ver con el sentimiento de un individuo que se enfrenta a la posibilidad de la muerte de su esposa e hijo. Al final, quien muere es el hijo. El compositor expresa, desde el principio del segundo movimiento, algo que yo imagino como el recorrido desde lo incomprensible a la imposibilidad de estar con ellos físicamente. Él imagina un diálogo con Dios, mientras compone cada nota en ese momento de profundo sufrimiento.
Equipararé el tema del maestro Rodrigo a las personas que están en guerra, recibiendo tanta violencia. Una violencia que puede sentirse en la vivencia de estas dos situaciones, como resultado de la “no consideración de sus necesidades-deseos”: el hombre que necesita-desea estar con su mujer e hijo mediante el encuentro físico; la mujer que vive una situación de guerra y que quiere que sus seres queridos y ella tengan un lugar de confianza en el encuentro con el otro.
Pero algo más poderoso que ellos, como si de un huracán o un terremoto se tratase, se impone con una fuerza que no pueden frenar. El maestro Rodrigo, en su obra musical, expresa a través de distintas tonalidades lo más cercano a su abatimiento. CREA un diálogo con su ser íntimo.
¿Y la mujer en situación de guerra, sin casa, sin comida, con la muerte respirándole encima, podrá CREAR, contener esa fuerza disruptiva y transformarla a través de un lenguaje propio? Esto es, recordando la psicología profunda de Carl Gustav Jung, ¿podrá ella darle espacio a su “instinto creativo” y dejarse llevar por él, aún sin haber satisfecho sus otros instintos: el del hambre; el de la sexualidad; el del movimiento libre y el juego hasta llegar al instinto de reflexión? Todos ellos son necesarios para poder dirigirnos a lo creativo, y así crearnos seres humanos.
Amplifico esta idea con una lectura de un artículo de mi admirada Irene Vallejo donde escribe: “Como enseñan los cuentos infantiles y Aristóteles, el mito del triunfador hecho a sí mismo es irreal: todo avance solitario es en realidad solidario”. Cita también al sociólogo Joseph Heinrich, quien afirma que “la innovación depende de nuestra habilidad para colaborar más que de nuestro intelecto, y que el gran reto es evitar la fragmentación y la disolución de nuestras comunidades”. Vallejo termina citando a María Zambrano, “la indigencia del ser humano se convierte en el principio de nuestro poder”.
Árbol de fuego. Foto: Mónica Helena
En otra publicación de Azucena Soltero, ella cuenta otro recorrido de abatimiento. Es el que existió en la infancia del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien lo recuerda así: “De pronto con 8 añitos me di cuenta de la vida, un auto con un alcohólico al volante mataba a mi único amigo. Así conocí la vida, la vida es una hoja en blanco, ahí puedes escribir lo que sea, pero hay renglones que no dependen de ti, sino de otros”.
Observamos la danza continua que nos propone Jung para dar sentido a lo incomprensible: una danza entre “lo creativo íntimo” y “la necesidad-pasión/necesidad-horror” por el otro.
Y nos seguimos preguntando…
Mónica Helena Yepes Muñoz
Esperanza Jover Marcoa:
https://www.youtube.com/watch?v=Idsb6gk6j_U
Concierto de Aranjuez. II Adagio. Joaquín Rodrigo. Pablo Sainz Villegas/Carlos Kalmar/ORTV
https://www.facebook.com/search/top/?q=esperanza%20jover%20marcoa&locale=es_ES
Irene Vallejo:
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/animales-dioses-idiotas-por-irene-vallejo
Azucena Soltero:
https://www.facebook.com/azucena.soltero?locale=es_ES



